La nota ardía en mi bolsillo como si fuera una brasa viva. Tres días habían pasado desde que la encontré deslizada bajo la puerta de mi consultorio. Tres días de miradas furtivas a Elías mientras dormía, preguntándome si debía mostrarle aquellas palabras escritas con una caligrafía elegante pero amenazadora.
"Lo que sabes de él es solo la punta del iceberg. Necesitamos hablar. Mañana, 5 PM, en la cafetería del museo de antropología. Ve sola. —Julián"
El papel se había arrugado de tanto doblarlo