El whisky quemaba en mi garganta, pero no tanto como la imagen que se repetía en mi cabeza. Camila y Julián. Sus manos tocándola. Su boca demasiado cerca de su oído. La sonrisa de ella.
Arrojé el vaso contra la pared de mi despacho. Los cristales estallaron como mis pensamientos. Fragmentados. Filosos. Letales.
Había pasado una semana desde que los vi juntos en aquel café del centro. Una semana en la que me había convertido en una sombra silenciosa, observándola, siguiéndola, esperando que come