El silencio tiene su propio lenguaje. Lo aprendí en la facultad de psicología, pero lo confirmé en esta casa de asesinos. Hay silencios que preceden a la muerte, silencios que ocultan verdades y silencios que gritan peligro. El que percibí esa mañana era del último tipo.
Los guardias se movían diferente. Las miradas esquivas, los cuchicheos que cesaban cuando yo entraba a una habitación. Algo había cambiado en la mansión Montoya y nadie quería decírmelo.
Dejé mi taza de café sobre la encimera d