Mientras Ravi subía las escaleras, la respiración entrecortada resonando en el vacío del pasillo…
En el salón de abajo, siete agentes disfrazados de camareros surgieron como sombras, posicionándose junto a Helena. En minutos, los hombres de Viktor Petrova caían uno a uno. Pero no todos se rindieron: dos huyeron hacia la cocina, y el tiroteo estalló en ráfagas cortas y mortales.
Helena, con la placa de Interpol en alto, gritó a la multitud aterrorizada:
— ¡Policía internacional! ¡Agáchense y