En ese momento, apareció Gabriel.
La ventisca helada generada por el motor del helicóptero pegaba su ropa al cuerpo. La niebla reducía la visibilidad casi a nada —solo un loco como Viktor se arriesgaría a volar en ese caos, pensó él. Pero ahora, esa era su única salida.
Cuando los ojos de Gabriel se ajustaron, vio a Malú y Ravi escondidos detrás de una estructura metálica. Ravi, con el brazo izquierdo ensangrentado y el rostro pálido por el agotamiento, todavía mantenía a los hombres de Viktor