El aire en la oficina se volvió denso. Ravi apretó las manos de Malú, sintiendo sus dedos fríos contra los suyos, pero cuando miró esos ojos verdes que tanto amaba, no vio miedo, sino una determinación de acero que lo llenó de orgullo.
—Bien, ¿y exactamente a dónde piensas llevarla? —preguntó Ravi nuevamente, su voz más áspera de lo que pretendía—. ¿Es realmente seguro? ¿Malú estará cómoda?
Gabriel respiró hondo, entrelazando los dedos sobre sus rodillas.
—Depende mucho de la decisión de Malú.