Ravi sonrió cuando Malú gimió su nombre otra vez, totalmente entregada a sus avances. Estaba maravillado al escuchar sus dulces gemidos, confirmando que no se había equivocado: su chica era ruidosa, y él adoraba eso. Por eso la había llevado lejos de la casa principal: quería que Malú tuviera total libertad para dar rienda suelta a sus deseos, sin miedo de ser escuchada.
Exploraba su cuerpo con las manos y con la boca, cada toque calculado para provocar una reacción. Cuando descendió hasta sus