Unas horas antes...
Gabriel notó que la puerta del cuarto frente a él estaba entreabierta. Sabía que era la habitación de Miriã. Observó cómo la muchacha se levantaba para cerrarla, pero se detuvo al verlo allí, apoyado en el marco de la puerta de su propio cuarto, con los brazos cruzados y una sonrisa displicente en los labios.
Miriã lo miró fijamente, sus ojos recorriendo su cuerpo antes de detenerse en su pecho desnudo, donde la camisa del pijama permanecía abierta. Se sonrojó y, nerviosa, m