Capítulo 29
El silencio en la biblioteca era tan denso que Yestin podía escuchar el motor de su propio corazón fallando, saltándose latidos como una máquina herida. Cuando Castiel levantó la mano y la posó sobre su mejilla, el mundo exterior simplemente dejó de existir. No fue solo un roce; fue una invasión. Una corriente eléctrica, casi dolorosa por su intensidad, se apoderó de su sistema nervioso, viajando desde el punto de contacto hasta la base de su columna. Un escalofrío violento la recorrió, seguido