Capítulo 28
El eco de los gritos de Castiel rebotaba en las paredes de mármol del penthouse, un sonido que a Selene le helaba la sangre. Hacía años que no escuchaba ese tono de voz, una frecuencia que vibraba con una violencia contenida, casi animal. Mientras permanecía inmóvil en el pasillo, un escalofrío le recorrió la espalda al recordar al Castiel de ocho años, aquel niño que, tras perder a sus padres en un accidente que marcó el fin de su inocencia, rompía los jarrones de la mansión con un llanto seco