Chloe se mira en el espejo mientras pasa por su cabello un lindo peine de plata. En su reflejo se ve una sonrisa satisfecha. Sabe muy bien lo que ha hecho y está segura de que en estos momentos él ya ha de saber lo que está pasando. Porque algo es claro: si ella no tiene a Castiel, tampoco permita que se quede con toda su fortuna.
—¿Ahora qué hiciste? —preguntó la pelinegra al ver esa felicidad en la cara de su amiga.
—Nada, que no puede estar uno feliz —menciona regañándola.
—Pues hace