Yestin se queda muda al ver semejante regalo. Sostiene la caja con firmeza y, fingiendo una sonrisa, Castiel se alegra al ver cómo sonríe, pero de la nada ve cómo esa actitud cambia; ella le ha arrojado la caja. Viendo el proyectil acercarse a él, se mueve a un lado esquivándolo.
—Si no te gusto, solo dilo, no necesitas aventármelo —protestó Castiel con malestar, levantando el teléfono.
—¡Crees que con tus regalos arreglarás los errores que cometes! —respondió Yestin molesta—. No soy com