Después de 6 horas de vuelo, por fin hemos aterrizado en Rusia. Veo todo muy verde y hasta soleado y me parece un tanto extraño.
—Por fin hemos llegado, hija —me dice papá Miguel, pasando a un lado de mí. —Bajemos.
Yo me levanto de mi asiento y comienzo a acercarme a la puerta para salir del avión. Mis ojos se empañan un poco por la voz de afuera. Pero después de unos segundos se acostumbran a ella y me quedo sorprendida por el clima.
—WOW —digo en voz baja. En eso siento que alguien pon