Ha pasado un mes desde que estoy aquí en Rusia. Mi recuperación ha sido algo lenta y la que se ha tardado más fue la herida de bala, pero por fin ya estoy mejor.
Me he acabado de bañar y estoy peinando mi cabello. En eso escucho que alguien toca la puerta de mi habitación.
—Pase —gritó.
—Puedo pasar, hija —escuchó la voz de papá Miguel.
—Sí pasa, papá Miguel.
Escucho que comienza a acercarse con mucho cuidado a mí. Hasta estar parado detrás de mí. Yo lo veo por el espejo.
—Mi n