Después de unos minutos de salir de ese lugar, hemos llegado a la pista de aterrizaje; el jet ya nos está esperando. Bajamos todos de los autos y empezamos a subir. Pero veo que Alex no sube.
—¿Pasa algo, Alex?
—Sabes que tengo que regresar. Me estarán buscando y no puedo dejar que sospechen nada.
—Está bien. Te entiendo.
—Iré cuanto antes, pediré mi traslado para Rusia así para poder estar contigo.
—¿Harías eso por mí?
—Haría eso y más, mi hermosa Evolet.
Me da una enorme alegría escuch