Julieta se quedó callada un buen rato, dándole vueltas a lo que ese hombre le acababa de decir. Al final, nomás dijo que sí con la cabeza, muy seria.
—Está bien, acepto.
Nelson soltó un largo suspiro. Se recostó en la almohada y cerró los ojos despacio... se había quitado un gran peso de encima.
Julieta salió del cuarto apretando la caja de madera. Sentía un nudo en el estómago que no la dejaba ni respirar. Cuando regresó a donde estaba Román, Raina seguía ahí esperándola.
—¿Para qué te quería N