Un mes después, en la sala de juntas del Grupo Silva, Raina presidía la mesa. Tenía un documento oficial extendido frente a ella.
—Según la última voluntad de Noel, asumiré la dirección interina del Grupo Silva hasta que encontremos a un sucesor adecuado. Si alguno de los presentes tiene alguna objeción, este es el momento de hablar —sentenció Raina, recorriendo la sala con una mirada afilada.
Los directivos se miraron entre sí, pero terminaron asintiendo en silencio. Desde la tragedia de Noel,