En cuanto Iván se enteró, mandó la reunión al carajo y salió hecho un rayo.
Al llegar, verla tan pálida y sin vida le partió el alma.
La apretó fuerte contra su pecho, como queriendo esconderla de todo lo que estaba pasando.
—Ya pasó, mi amor. Aquí estoy contigo.
Raina se hundió en su hombro, con la voz tan quebrada que apenas se le entendía:
—Él... él dio la vida por mí.
Iván la abrazó más fuerte sin decir nada. Sabía que ahora las palabras estaban de más.
Al día siguiente, el país entero era