Por más que una mujer intente hacerse la fuerte, contra un hombre que lleva varias copas de más, siempre tiene las de perder.
Raina dejó de resistirse.
Cuando sintió la mano de Iván apretándole la cintura, ese roce que se sabían de memoria les sacudió el cuerpo a los dos.
En cuanto él empezó a besarle el cuello, Raina sintió que el corazón le iba a mil por hora.
La ropa quedó tirada por todo el suelo y la luz de la luna bañaba la cama, creando sombras entre las sábanas.
Había algo roto en có