Los enfermeros se apuraron a ponerle el sedante.
Justo antes de que el medicamento le hiciera efecto, Marta pegó un último grito lleno de odio:
—¡Ya lo verán! ¡Esa perra va a sufrir mucho más que yo!
Cerraron las puertas de la ambulancia de un golpe y el sonido de la sirena se fue alejando poco a poco.
Noel se quedó ahí parado a mitad de la sala, entre los vidrios rotos y el vino tirado.
Todo estaba hecho un desastre.
En el hospital, los médicos terminaron de checarla y se fueron.
En cuanto s