Siempre se las dio de tipo duro, de los que aguantan cualquier golpe sin pestañear, pero ahora la voz se le hacía un nudo.
No podía evitar que las manos le temblaran... el miedo lo estaba desarmando.
Mientras tanto, allá en el fondo del sótano, el olor a humedad se mezclaba con el rastro metálico de la sangre que flotaba en el aire.
Raina estaba hecha un ovillo en una esquina, enterrándose las uñas en las palmas. Necesitaba que el dolor la mantuviera despierta.
Llevaba tres días sin probar boca