Julieta alzó una ceja y se dio la vuelta con una sonrisa burlona.
—¿Qué pasó? ¿Ya me extrañas que no quieres que me vaya?
—Lo de la otra vez... reconozco que se me pasó la mano. No debí meterte en mis cosas —dijo Raina, soltándola y pidiéndole perdón de corazón.
Julieta soltó una carcajada y, con toda la confianza del mundo, le dio un apretoncito en el cachete a Raina.
—Ay, mija, te ves divina pidiendo disculpas —se le acercó al oído, rodeándola con ese perfume caro que siempre traía—. Pero ni