Marta se quedó con la mano en el aire, pero ni así se le borró la sonrisa.
—¿Ah, sí? Pues qué mala suerte para ella.
—Marta —le soltó Noel, clavándole la mirada—. Dime la verdad, ¿fuiste tú?
—¿Yo? —Ella soltó una risita cínica mientras caminaba hacia la cava para servirse una copa de tinto—. Si me la paso llorando por todos lados... ¿de dónde crees que voy a sacar ganas para andar secuestrando gente?
Le dio un trago al vino y se manchó los labios... el rojo se veía igualito a la sangre.
—Ademá