—¡Miren nada más! Ahora resulta que la belleza me busca y me cae en los brazos solita.
Al escuchar esa voz y ver esa sonrisa cínica, a Raina se le tensaron los brazos y apretó las carpetas contra su pecho.
¡Liam! Qué chiquito era el mundo. Tenía que topárselo justo en su primer día de trabajo. O más bien, él la había estado cazando.
Liam ya había pasado una temporada tras las rejas por su culpa y, después de la paliza que le acomodó Iván, estaba claro que venía a cobrarse la cuenta.
Raina no er