El silencio cayó pesado. Petrov la observó fijamente como queriendo ver más allá de ella, pero aquello quizás era una misión imposible, aquella mujer fue formada con acero y por un hombre letal, Alessandro Morgan.
Ilya se inclinó hacia ella, los labios a centímetros de los suyos.
—¿Y cuál es el juego, señorita Morgan?
Alexandra se puso de pie, dejando que el vestido se deslizara con elegancia mientras lo conducía hacia el balcón que daba al hipódromo. Los caballos galopaban en círculos de calen