El silencio que envolvía el yate se volvió denso, casi sofocante. Las luces tenues de la embarcación se reflejaban sobre el agua oscura del mar, que oscilaba con calma mientras Barcelona se difuminaba en el horizonte, como si la ciudad misma quedara atrás para dar paso a otra dimensión. Allí, en medio del agua, lejos del ruido, de los secretos y del pasado, solo quedaban ellos dos.
Alexandra sintió el peso de la mirada de Mikhail sobre su espalda mientras se acercaba a la baranda. La brisa noc