La lluvia seguía golpeando con fuerza los cristales de la villa, creando un murmullo constante que se mezclaba con el sonido de los pasos que resonaban en el hall principal. La atmósfera estaba cargada de tensión; cada sombra parecía contener un secreto, cada reflejo del agua en los charcos parecía anticipar un desastre. Veronika permanecía inmóvil, su corazón latiendo a un ritmo irregular, mientras la puerta principal se cerraba lentamente detrás de la nueva figura que acababa de aparecer.
El hombre avanzó con pasos medidos, seguros, cada movimiento lleno de autoridad y peligrosidad. Su porte era elegante, imponente, y la manera en que se acomodó en el sofá central de la villa no dejaba dudas sobre quién era dueño de aquel espacio. Veronika lo observó, su respiración contenida, sus sentidos agudos captando cada gesto, cada movimiento calculado. No había duda: ese hombre controlaba todo, incluso antes de decir palabra alguna.
—¿Por qué no le presentas a Veronika a tu otra familia? —di