La carretera se extendía como una línea infinita bajo el agua. Mikhail ya no pensaba. El viento golpeaba el parabrisas, pero en su cabeza solo resonaba una idea: Ella fue hasta Japón por mi culpa.
El reflejo de su rostro en el retrovisor era el de un hombre que había perdido todo. El poder, los títulos, los aliados… nada valía.
Porque ningún imperio podía devolverle a la mujer que amaba.
Sus pensamientos eran cuchillas.
Recordó su última conversación, su sonrisa contenida, la forma en que Alexa