La mansión Orlova permanecía en un silencio casi solemne cuando las luces del Aston Martin atravesaron el portón principal. Eran las 4:15 de la madrugada, y la nieve cubría parcialmente la entrada, brillando bajo las luces del vehículo que se detuvo con un rugido bajo y metálico.
Alexandra, que había permanecido en la cama, decidí bajar a la sala principal, ella había escuchado el radio del motor entonces levantó la vista al escuchar el sonido del motor con más claridad. Su corazón se aceleró