Minutos después el hombre descendió las escaleras con esa calma imponente que siempre lo acompañaba, su chaqueta negra ajustada, el reloj de lujo brillando en su muñeca. Alexandra Morgan iba a su lado, impecable con su traje de negocios, la mirada serena y el porte de quien estaba acostumbrada a tener el mundo a sus pies.
La puerta principal se abrió con un murmullo metálico cuando Mikhail hizo una seña. Afuera, el Aston Martin DB11 negro esperaba, su carrocería brillante reflejando la luz del