Natasha temblaba acurrucada en la cama, empapada en sudor frío. Cada respiración era un suspiro entrecortado, un jadeo que apenas lograba llenar sus pulmones. El dolor bajo su hombro era tan punzante, tan ardiente, que sentía que le atravesaba hasta los huesos. Era un dolor extraño, casi inhumano, como si algo se estuviera gestando dentro de ella, algo que no pertenecía a su cuerpo.
Sus labios temblaban, mordidos por la impotencia y el miedo. ¿Qué demonios le estaba pasando? ¿Quién era aquel ho