El aroma del café recién hecho se expandía por la cocina, mezclándose con el leve sonido del agua cayendo sobre los cristales. No era lluvia intensa, sino ese tipo de llovizna constante que convertía las mañanas en algo pausado, casi contemplativo, típico clima de Nueva York. Brooke sostenía la taza entre las manos, distraída, mientras sus pensamientos viajaban a demasiados frentes a la vez.
El eco de la traición de Maksim seguía pesando en el ambiente. Y aunque Aleksei había salido en su busca