El día amaneció con un cielo limpio, inusualmente tranquilo para todo lo que flotaba en el ambiente. La casa parecía respirar en un ritmo distinto, como si el propio espacio intuyera que aquel respiro sería efímero. Brooke se encontraba en el salón, acurrucada en uno de los sofás con una manta ligera sobre las piernas y un libro abierto que no leía. Su mente estaba lejos de esas páginas.
Era temprano, pero llevaba despierta desde hacía horas. No por insomnio, sino porque el pensamiento que ocup