El sol comenzaba a filtrarse por las rendijas de las cortinas, proyectando una luz dorada y tenue sobre el dormitorio de Aleksei. El aire olía a café y a sábanas revueltas. Brooke se movió lentamente entre los brazos de él, aún adormecida, con los músculos relajados y el cuerpo envuelto por el calor que solo se siente cuando se duerme en casa. En su casa. En su refugio. En él.
Aleksei, aún medio dormido, pasó la mano por su cintura y la atrajo más hacia sí, sin abrir los ojos. Su respiración er