El murmullo lejano de una motocicleta recorriendo la calle fue lo que sacó a Brooke del sueño. No abrió los ojos de inmediato. Permaneció inmóvil, con la respiración acompasada, envuelta en el calor familiar de unas sábanas ajenas que ya sentía como suyas. La habitación tenía ese leve olor a whisky, a madera antigua y a la colonia de Aleksei, una mezcla que se le había vuelto adictiva.
Sintió el roce de unos dedos deslizándose por su cintura. Una caricia lenta, ausente, como si él aún estuviera