El cielo amanecía cubierto por un manto gris, como si la ciudad entera respirara la misma inquietud que envolvía a Brooke. Aún vestida con su pijama y con una taza de café entre las manos, miraba por la ventana del salón sin ver realmente nada. La lluvia caía con pereza, arrastrando consigo el eco de la noche anterior. Sus dedos temblaban ligeramente, no por el frío, sino por la sensación aún viva de los pasos que había sentido tras ella, de los ojos clavados en su espalda.
Sintió un leve escal