Al borde del abismo (2da. Parte)
Dos días después
Málaga
Camila
Cuando por fin había empezado a asomar una leve esperanza de que esta guerra familiar podría quedar atrás —irme lejos con Iván, recomenzar—, la realidad me arrancó ese sueño de un tirón: la llamada de Andrés. Me dijo, sin palabras de consuelo, que mi abuela quería asesinar a Iván. El mundo se me fue de golpe; sentí el miedo filtrarse por cada poro como agua helada.
Salí disparada del hospital sin pensar. El auto temblaba bajo mis manos torpes; el pie hundido en el