Mientras tanto, en la mansión Villalba, Alejandro Santoro estaba en el estudio del segundo piso, sentado frente a Leticia, tratando de mantener la calma mientras ella lo taladraba con la mirada. Estaba haciendo todo lo posible para calmar a Leticia. Pero su motivación en todo eso, era proteger a Elena.
—Leticia, por favor —dijo, con voz firme pero serena—. Entre Elena y yo no hay nada. No ha habido nada. La recomendé porque era la mejor opción para cuidar a tu madre. Gracias a ella, Camila está