Elena se inclinó sobre la cama de su hermana y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. Valeria la miraba con el ceño fruncido, claramente molesta por la noticia de su partida.
— ¿De verdad tienes que salir hoy? Es tu único día libre —protestó con un ligero puchero.
Elena sonrió con ternura y le apretó la mano.
—Lo sé, Val. Créeme, también me gustaría quedarme todo el día contigo, pero es algo importante. Te lo compensaré, lo prometo.
— ¿Con qué? —preguntó Valeria con un brillo travi