Iván volvió a tocar, golpeando más fuerte. Nada. Ninguna respuesta desde el interior de la casa.
Frunció el ceño, y giró la cabeza hacia la caseta de los vigilantes. Giro el vehículo hacia ellos y empezó a llamar su atención con la bocina y las luces. Salieron de inmediato de la caseta e Iván les hizo señas para que se acercaran.
Uno de ellos trotó hasta donde estaba Iván.
—¿No hay nadie?
—No. Las luces están encendidas, pero nadie responde. Es raro, ¿no? —preguntó Iván, con la voz cargada de p