El dolor de cabeza sordo y un peso abrumador en el pecho fueron lo primero que sentí al despertar. La luz que se filtraba por las cortinas de seda era suave, pero aun así me molestaba. Me incorporé con lentitud, parpadeando para que mis ojos se acostumbraran a la claridad de la habitación.
Estaba en un cuarto de ensueño. Las paredes de color crema, los muebles de madera noble, la cama con dosel que me envolvía en un confort que no recordaba haber sentido en mucho tiempo. No había nada familiar