El aire en la enfermería de la prisión de alta seguridad tenía un peso metálico, un olor a desesperación y a miedos silenciados. Victoria se movía con la precisión de un fantasma, observando cómo cada pieza de su rompecabezas empezaba a encajar. No tenía prisa; la paciencia era la virtud que la sacaría de aquel agujero.
—402, necesito que prepares la bandeja para la ronda de las seis —ordenó el Doctor Miller, frotándose las sienes—. Y revisa que la Oficial Parker tenga su medicación. Sigue