Acariciaba el metal frío y brillante del trofeo del New York Fashion Talent con una mezcla de incredulidad y alivio. Por fin, después de tantos años de injusticias y de vivir bajo la bota de quienes quisieron apagarme, se me estaba haciendo justicia. No podía creer que mi carrera como diseñadora estuviera despuntando de una manera tan increíble, pero mientras mis dedos recorrían los grabados del premio, sabía que nada de eso era realmente importante para mí. Mi verdadero tesoro era la vida que