Habían pasado tres días desde la huida nocturna de Max. El sol de la mañana bañaba el jardín de la mansión King con una luz dorada que, a simple vista, sugería una paz inquebrantable. Sin embargo, dentro de los muros de la propiedad, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Alexander sabía que no podía seguir ocultándole la verdad a su hijo. El niño había huido por miedo a lo desconocido, y el miedo solo se podía combatir con la luz de la verdad, por dolorosa que esta fuera.
Alexander encont