La salida del juzgado fue un calvario de flashes y preguntas de reporteros que Alexander despachó con una mirada gélida. Una vez dentro de la camioneta blindada, el silencio se apoderó del espacio, roto únicamente por el sonido de la lluvia que comenzaba a golpear el techo del vehículo. Aurora miraba por la ventana, con el corazón encogido. Las palabras del juez Miller sobre la "revinculación" resonaban en su cabeza como una campana fúnebre.
—No puede ser, Alexander. No podemos permitir que ell