La partida de golf había culminado con Enzo como el claro vencedor, y él no desaprovechó la oportunidad de demostrarlo. Su humor, que oscilaba entre la arrogancia juguetona y un coqueteo descarado, encendía a Amatista de maneras que solo él sabía manejar.
—¿Seguro que no hiciste trampa, amor? —preguntó Amatista, inclinándose para recoger su bolso del carrito de golf mientras lanzaba una mirada desafiante.
Enzo se acercó con paso firme, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y picardía.