Amatista colgó la llamada y guardó el teléfono en su bolso con expresión seria. En el auto, el silencio era denso. Nadie hablaba, todos procesaban lo que acababa de pasar.
—No podemos arriesgarnos a llevar a Carolina y al bebé a la mansión —dijo finalmente, rompiendo el silencio—. Si Liam planea algo, no lo hará si cree que ella sigue en cautiverio.
Facundo, con el ceño fruncido, asintió.
—Cerca de aquí tengo un amigo. Podemos refugiarnos en su casa.
Amatista negó de inmediato.
—Es demasiado pe