El ambiente en la sala principal del club Le Diable estaba cargado de expectación cuando Amatista, Enzo y Emilio cruzaron la puerta. Todos los presentes los observaron con atención, notando de inmediato el evidente cansancio en sus rostros.
—Por fin llegaron —dijo Alan, con una media sonrisa mientras recargaba un brazo sobre el respaldo del sofá—. Ya estábamos preguntándonos qué diablos pasó.
Facundo cruzó los brazos y miró directamente a Enzo.
—¿Y bien? ¿Tienes noticias?
Amatista no respondió.