La tarde cayó sobre Le Diable, y el club se transformó en un centro de operaciones. Enzo había conseguido computadoras y todo el equipo necesario para rastrear a Diego. Con la ayuda de Guevara, lograron acceso a las cámaras de la ciudad, sabiendo que, aunque Diego probablemente ya no estaba allí, cualquier pista que surgiera podría ser crucial.
Mientras tanto, Amatista continuaba descansando en la habitación. Su fiebre había bajado, y poco a poco comenzó a despertar. Aún sintiéndose algo débil,