Las horas pasaban lentamente, como si el tiempo mismo se estuviera burlando de la tensión que envolvía la dependencia. Las pantallas en la sala de control seguían mostrando mapas en blanco y negro, con las rutas que Diego había tomado, pero sin una pista clara de su paradero. Los oficiales seguían buscando, pero cada intento era inútil.
Enzo caminaba de un lado a otro, con la mandíbula apretada, sin poder dejar de pensar en lo que había fallado. La frustración era palpable en cada uno de sus mo